hoy llore!
Por ALEXIS MARRERO
Hoy me senté a llora, ¡sentí una gran tristeza, me embargo un dolor profundo! ¡La mente se me nublo, aturdida por lo que veían mis ojos cegados por las lágrimas, que me empezaron a brotar, por la rabia que me daba y por el dolor que sentía! ¡Fue una invasión de sentimientos! ¡Sentimientos Confusos. ¡Que embargaron mi alma, la cual creía encallecida, endurecida por las traiciones y las injusticias, a la que ha sido sometida! Pero allá en la sombra, donde se esconden el sentimiento ¡tímido y asustado! donde se resguardaron, casados del abuso. ¡Gimieron con la misma tristeza que lo hicieron, en el pasado, cuando aun creían! ¡Cuando yo era Niño! Si los sentimiento que he trato que no afloren con facilidad, brotaron como una cascada, motivado una vez más por la injusticia que me tocaba presenciar.
Es cierto no contra mí directamente, pero de verdad, sentí en carne propia la bajeza del ser humano y una vez más me di cuenta, que el hombre pareciera haber perdido todo el sentido de la piedad, justicia o peor, perdió EL AMOR. ¡Sentí! ¡Como el alma se me destrozaba! recordé mi infancia, cuando esperaba en la soledad de mi cuarto o de las acera de una la calle cualquiera de la ciudad donde nací, si una calle en la me tocaría dormir aquella noche, o varias. Si en aquella soledad donde esperaba lleno de esperanza, el consuelo, el sentir me quisiera como era, con los defectos y virtudes, que todo niño tienen, que amara mis cabellos, chicharrones, mi piel parda o bachaca, que no me encontrara fastidioso, ni despreciable. Que no viera en mí las causa de sus problemas, si no la simple una bendición por haber nacido, que en mi presencia no fuera el recuerdo de sus odios, ni sus frustraciones, ni me considerara la causa de todos sus males, si no el resultado de su amor, de su entrega. Esperaba que mi llanto no le cansara, ni mi imprecisión al ir al baño , fuera motivo de de “arrechera” si no de compresión, que delante de mis pregunta no se hastiara, si no que se llenara de paciencia, y con tiernas palabras, me explicar las maravillas que delante de mis ojos, confundidos, comenzaban a desfilar, que en las noche , cuando me llenara de miedo , no fuera los gritos, ni los insultos los que me callaran , o me hicieran dormir, a juro; si no que con la ternura me acobijara y me protegiera contra los miedos, que en mi tierna infancia creaba mi mente.
Recordé con tristeza como envidie, sin saberlo la dicha de mis congéneres, apreciados y amados. Veía con ansiedad como la mano protectora de una madre o del padre se posaba consolando y hasta castigando, a los otros niños, y mi pobre corazón sentía una inmensa vacio, como preguntándose porque a mí no me hacen lo mismo. Hoy mientras volví a sentir todo esas cosas cuando caminaba por una calle de una ciudad llamada Cumana, en el estado sucre. Presencie a los niños descalzos con su ropa curtida, con la piel grasienta, endurecida, por el sol y el sucio, con los ojos, llenos de dolor, pero también vi como allá en el fondo todavía había muy pequeño, un rayo de esperanza Vi sus manos pequeñas sucias y frágiles, con ellas estiradas pedían.
Si los vi pedir de comer o una moneda, para él y su hermana, la cual lo acompañaba en tan denigrante actividad, pero que se hacían obligado hambre, mientras el al señor que le solicitaban la dadiva solo hiso un gesto de desprecio, y refunfuño entre diente: _ “ve a trabajar, vago” y al darse cuenta que yo lo observaba, agrego:- “ese es para la droga”.-, ¡-esos son unos sinvergüenzas!-, y me pregunte: ¿Quiénes serán los sinvergüenza? ¿Los padres que sin conciencia alguna, permite que sus hijos, deambule en las peligrosas calles de esta ciudad? , ¡Oh del nosotros! quienes a la hora de elegir un gobierno, ¿recordamos estas escenas tan dantescas? ¿Oh yo que no le di un puñetazo al descarado rezongón? que no tuvo una moneda, para dársela a esa criatura ¡pero si para beber! por que el salía de un bar, de la esquina de la catedral ¿Será acaso que es toda esta sociedad? ¡Que le quito el derecho a nuestros niños de vivir su la infancia! ¡Y los prostituye, los corrompe! que prefiere gastar su dinero en otras cosas, y no son capaces de dar ni un centavo a esos niños, ¿oh los sinvergüenza traficantes de drogas? que solo le interesa su beneficio ¿sin impórtale a quien destruya? ¿Oh no darse cuenta de? La manera tan desconsiderad, estamos hachado el futuro de esta nación al traste. ¿Quién será el culpable?
No importa quién sea el culpable de toda manera mi ciento de dolor haber las cales llenas de criaturas desamparadas, y solamente me queda exclamar: ¡Dios! cuántos hijos tenemos en la calle, si por que esos niños son nuestros hijos son el hijo de una sociedad inconsciente. Si son los hijos de la irresponsabilidad. Porque cuantas veces, solamente pensamos en un momento de placer y engañamos, a las Niñas, jóvenes o damas incrédulas, para usarlas y luego, las dejamos embarazadas, desprotegidas, o cuantas de esas mujeres desprejuiciadas venden su cuerpo, por una parranda, una ropa linda, teléfono una prenda o una cuantas monedas, sin pensar en los resu
ltados, y sembramos con nuestra semilla, las calles de niños despreciados y abusados. ¿Sera posible que algún día de verdad?, ¿se termine la miseria? ¡Y el hombre entienda! que el AMOR, no abusa, no se goza del mal, es piadoso, que el AMOR es dar en algunos casos sin recibir.
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